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Por Mark Langill Hay obvios legados asociados con Walter O’Malley, el hombre de negocios, el abogado, el ejecutivo de béisbol y el hombre de familia. Pero a través de toda la vida de O’Malley, el espíritu innovador que previó la construcción del Estadio de los Dodgers conjuntó otras grandes ideas acerca del “pasatiempo nacional” de su país desde el Sur de California hacia todas las partes del mundo. Si los deportes del mundo fueran la ostra de O’Malley, el béisbol sería su perla.
Los Dodgers se unieron a la Liga Nacional en 1890 y en los 60 años que precedieron a la llegada de O’Malley como presidente del equipo, tuvieron ocasionales intervenciones internacionales. El primer lanzador estrella cubano de las grandes ligas, Adolfo Luque, estuvo en Brooklyn brevemente durante las temporadas de 1930 y 1931. Los Dodgers operaron un equipo afiliado de Triple A en Montreal y tuvieron su entrenamiento de primavera en Cuba (1947) y en la República Dominicana (1948) antes de establecerse en su actual centro de operaciones Dodgertown en Vero Beach, Florida.
Los Dodgers, que ya eran una franquicia popular en América cuando O’Malley se convirtió en su líder gracias al éxito en el campo y personalidades dignas de recordarse, llegarían a ser reconocidos a través de todo el mundo como una de las franquicias más estables y progresivas de la liga mayor.

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